Escritos
No soy escritor, pero a veces se me ocurren ideas interesantes





Los horrores de la noche
Luis Felipe





Gota a gota pierdo parte de mí, noche tras noche el infierno inicia.

Durante el día no tengo ningún problema, y disfruto los placeres del Sol, mi bien amado Sol. El aliado que me trae paz y tranquilidad.

En los días la paz habita este cuarto, observo el ir y venir de los demás. En el día los demonios parecen alejarse. Duermo tranquila, y paso desapercibida. Los buenos momentos son siempre en el día. En el día sueño, sueño que puedo irme de aquí, irme lejos, persiguiendo para siempre al Sol, sin temores, sin nadie que me haga daño, completa, entera, feliz. Pero en la noche, ¡oh, la noche!, no hay nada peor que ella. Todo inicia cuando el Sol se oculta, cuando sus rayos me abandonan dejándome sola con ellos.

Casi puedo adivinar qué es lo que piensan cuando se acercan, y es que cuando llega la noche ellos vienen a mí, iniciando así mi tormento. El horrible ardor en mi cabeza, apenas soportable, al que sucumbe mi frágil cuerpo, no, él no es tan fuerte como mi voluntad. Quisiera luchar, pero me encuentro inmóvil, inerte.

Maldito destino, siempre puntual. No escucho ni siete campanadas cuando sus sucias manos ya me rodean. Me colocan en el círculo ritual donde habré de morir poco a poco.

¿Ritual? Sí, ritual. Puedo ver los restos de las demás... no soy la primera ni seré la última. ¿Es que acaso no hay salida? ¿Aquí habré de terminar? Los horrores que presencie serán lo último que pueda ver y eso me destruye más allá de lo que ellos pudieran hacerlo. Debe haber una salida, siempre la hay. Sin embargo aquí sigo, rodeada de los repugnantes restos de las otras, quisiera vomitar, vaya forma de terminar tus días.

Aquí estoy yo, muriéndome de poco a poco mientras mi celador permanece sentado justo enfrente de mí, impasible, observándome sin inmutarse, observándome mientras muero, ¿Es que acaso estos seres no tienen corazón? ¿Por qué no simplemente me matan de un golpe y ya? ¿Por qué debo presenciar y sufrir todo esto? ¿Disfrutan de mi dolor? Ni siquiera eso parece provocarles, no les provoco placer, y evidentemente ¡no les provoco ni lástima! ¿Para qué hacerme todo esto entonces? ¿Dios, hay alguna razón? ¿Es que acaso es una prueba que tú me pones? Quisiera extinguirme ya, no cabe duda lo duro que es ser una vela.